Sobre mi afición a la pintura

SOBRE MI AFICIÓN A LA PINTURA -5/11/2025.

No recuerdo cuando empecé a dibujar, aunque supongo sería sobre los 7 años, quizás porque mi madre debió transmitirme lo bien que dibujaba su hermano Paco, alguien próximo a mí por aquellas fechas, de los que no conservo ninguno de los realizados, probablemente por hacerlos en hojas sueltas y no en cuadernos de dibujo, aunque sí me veo sentado a una mesa copiando algo.

Distinto fue mi inicio con la pintura al óleo, sobre los 11-12 años, pintando en verano con mi amigo Paco Flores en La Línea de la Concepción, bodegones o copiando reproducciones de cuadros que acompañaban los almanaques de la época, de los que conservo una mayoría de ellos, a los que suelo mirar y admirar, sobre todo la copia del cuadro “Partida de caza” de Goya que tengo en la cabecera de mi cama o el bodegón de una bandeja con varios pescados, hecho en 1966, con 16 años, a espátula, queriendo ser un antes y un después en esta mi afición, por pintar de memoria lo que había visto, por utilizar espátulas, y por cambiar la firma en él, sustituyendo los números romanos influenciado por mi padre, por los arábigos. A partir de este momento realicé retratos al natural para los que no estaba preparado, pero sí con arrojo, lo que no sirvió para obtener un resultado adecuado, aunque Belén, así se llamaba ella, se lo llevó después de mucho posar, no fue una voluntad mía, sino de mi padre, para alardear de hijo pintor ante un amigo suyo, cuya hija, bastante mayor que yo se prestó a la experiencia. En aquella época, nada me asustaba como cuando hice una vista en perspectiva del patio cordobés de la casa en donde vivíamos en La Rambla (Córdoba), o el cartel del cotillón de fin de año que debieron sugerirme en el Ateneo del municipio, en donde transcurrían mis horas de vacaciones, jugando al ajedrez o billar. Después, pasados varios años, al iniciar arquitectura en Barcelona tuve que dejar los pinceles, con intervalos para algún dibujo a rotulador al margen de los académicos, o mis clásicas libretas de dibujo, bien a lápiz de color o acuarela, hasta que ya acabada la carrera me dio por pintar de nuevo al óleo, transitoriamente, a intervalos, y profesionalmente utilizando el lápiz bicolor rojo/azul que bien me sirvieron para remarcar volúmenes de mis croquis.

La acuarela, utilizada en mis libretas de viaje, ha sido y es una manera de buscar un trazo, una pincelada que defina sin precisar, lo que tengo delante, únicamente con el color, sin dibujo previo; en otros casos, la estilográfica o los lápices Prismaló han sido los que me han permitido plasmar de modo rápido, a través del dibujo, una imagen observada.

Ahora jubilado de la arquitectura, he querido retomar esa afición profunda, pasando por la tinta china y el dibujo digital, bien con el móvil o la tableta, de modo que al utilizar diferentes técnicas solo pretendo acercarme a la mejor representación de lo que veo o siento, por ser ese mi deseo real al volcar en un papel o lienzo lo que imagino, guardo o veo, ya sea abstracción o figurativo. Empecé en ese mundo digital, con caricaturas de mi familia al felicitar a cada uno de ellos por su santo o cumpleaños, utilizando el móvil y el dedo como pincel, o al dibujar a vista de pájaro de una comida en Mariojea, sin pretensión de representar a cada cual, pero sí a la situación que se creaba. Siento menos presión utilizando lo digital por su facilidad de guardar el proceso, sabiendo que puedo volver a un estadio anterior guardado. Si embargo, con el óleo consigo desfogarme, sintiéndome satisfecho, sobre todo si me planto ante el lienzo virgen sin tener muy estudiado qué hacer, aunque la verdad sea dicha, cada vez soy más reflexivo y menos espontáneo, como era antes.

Mi casa se convierte en mi inspiración para pintar, al descubrir rincones de los que no soy consciente cotidianamente, sino en momentos de insomnio o al sentarme en un sitio no habitual para mí, descubriendo una visión insospechada de ella, decidiendo en ese momento, y tras la fotografía del instante, si lo represento con una pintura realista – no dejo de maravillarme de mi copia de “Partida de caza”, pintando esas caras- o más libre, más expresionista, para lo que estoy utilizando óleo en barra, aunque sin un resultado satisfactorio hasta ahora, pero estoy en ello.

Y la suerte es que tengo un espacio magnífico, en donde paso horas buscando lo que nunca he buscado, avanzando paso a paso sin presión alguna, salvo la propia.