Sobre la casa museo del pintor Vila-puig 1.3.2005

ARQUITECTURA Sobre la casa museo del pintor VILA-PUIG.

Rehabilitación casa natal del pintor Joan Vila-puig. Sant Quirze del Vallès. 2004

Un proyecto en evolución. 1.03.2005

El proyecto arranca como un contenedor indefinido, entre recuperación de una casa “típica” de St. Quirze del Vallès, un lugar-memoria del pintor Vila-Puig, y espacios de uso polivalentes para el departamento de cultura o exposiciones del ayuntamiento.

Con esos criterios se inicia la obra, en un edificio en ruinas, con escaso presupuesto, con un cierto sentimiento de encorsetamiento por la indefinición del programa, y de ver qué pasa. Pero hay un momento en el que surge una chispa, de que todo pueda cambiar. Es cuando Antonio Sancho, arquitecto municipal, me dice por qué no hacer un doble espacio en el acceso desde la calle, donde yo tenía previsto hacer un escalón por un problema de sección; a esa posibilidad me agarro en seguida diciendo que sería fantástica, y lo hacemos. A partir de ahí, vislumbro otras posibilidades, más decantadas a situar exposición de las dos últimas plantas, aunque siguiendo con el proyecto redactado, empiezo a ver colores, etc... Lorenzo Piqueras, arquitecto encargado de resolver la sala de la Gioconda en el Louvre, me sugiere de prolongar algo más el lucernario del bajo cubierta, hacia la cumbrera; le hago caso. Decido eliminar el cuarto de máquinas del ascensor, realizando por ahí un acceso único y exterior al celler; decido también no cubrir la zona posterior tal como estaba en proyecto dejando ese volumen abierto, salvo el espacio que mira al jardín. Propongo una fachada a calle con un discurso de dualidad entre el mantenimiento de lo existente y lo futuro, que el Ayuntamiento acepta de buen grado. Invito a los Vila-Puig a participar en la elección de colores para el interior. Sin embargo, en lugar de hablar sobre colores entramos en la discusión de la fachada. Se oponen rotundamente a que introduzca un elemento escultórico en la fachada, a modo de señalización, manifestando su deseo de dejarla cómo estaba en su origen, aunque sin demasiada convicción. Esto, me supone realizar toda una reflexión sobre el tratamiento de la fachada que es lo que a continuación expongo, sin que los políticos se pronuncien. La familia Vila-Puig sí, esperando con sus cuadros, la opinión política.

La casa no corresponde a ningún prototipo, en estado puro, de vivienda de St. Quirze, o sí según se mire, ya que la mayoría han evolucionado con el tiempo y sus ocupantes. La edificación ha sufrido transformaciones tanto en su volumen al aumentar una planta utilizando pared de ladrillo de 15 cm, en lugar de piedra como son las dos plantas inferiores, o que se dejara a la vista el ladrillo a sardinel que enmarca la puerta principal, propio de una masía, como que se transformase su interior para utilizarlo de restaurante o similar. Es una edificación que ha evolucionado en el tiempo, respondiendo a diferentes usos. De su interior, además de espacios hoy inusuales como la comuna, el horno de piedra o el pozo, sólo quedan las puertas de madera como testigos de su historia. Por ello, asumir su carácter de contenedor es lo único que le hace justicia con la realidad. Pretender otra cosa sería reconvertirla hacia un producto que no existió ni existe.

Admitiendo ese carácter de contenedor, de todo su volumen, la planta baja tiene voluntad política y de proyecto de mantenerse como memoria directa del pintor Vila-Puig, con sus caballetes, paletas y demás que, para mí, se circunscribe a las puertas de madera, cuya importancia no radica en su función ya algunas obsoletas, otras por tener que dejar ver lo que antes cerraban, sino como integrantes de la museografía de esta planta, tratándolas como objetos de contemplación, situándolas en los puntos donde se ubicaban, pero independizándolas de su función anterior, incluso en su puerta principal. Con todo ello, esta planta debería tener un color algo oscuro, íntimo, que transportase en suave pendiente a la época del pintor, dejando la madera en su color natural. El resto de plantas tienen clara voluntad se servir de exposición, sin saber si, permanente de la obra de Vila-Puig o temporales. Es una de las primeras cuestiones que se habrían de saber. En cualquier caso, ese caracter definen su aspecto final, luminoso y neutro, eliminando la rusticidad de las vigas de madera, pintándolas de color blanco.

La parte exterior trasera, quedará como un espacio con elementos de referencias de la vida del pintor, como el pozo, el horno, el celler y el volumen cubierto a modo de terraza que mira al jardín. Potenciaremos su mediterraneidad dejando la obra vista, con los apoyos que existieron para colocar macetas, salvo en el interior del patio que hemos enfoscado con mortero de CP, como espacio posible de exponer algún elemento escultórico, incluyendo en ese criterio el propio volumen emergente del ascensor, en estructura metálica y vidrio. Justamente es este elemento de color verde claro dado por el laminar, que servirá como pauta para trabajar el color de las dos fachadas y del interior, utilizando diferentes tonos del mismo color.

¿Por qué utilizar la gama de los verdes? Por oposición al color terroso más propio de una intervención conservacionista, que como ya he comentado, no es el caso por la circunstancias que envuelven a la edificación. La rehabilitación se hace con voluntad de futuro, mirando hacia atrás en ocasiones, incorporando materiales naturales como la madera y el estuco de cal, pero básicamente hacia adelante por reconvertir su uso.

Esta dualidad entre el pasado y el futuro se vislumbra en su interior, y se trasluce en su fachada principal. Mientras se ordenan los huecos en vertical manteniendo lo que sería una composición clásica, el resto del paño de fachada quedará vacío, enmarcado por la recogida de aguas, canal y bajante, formada por chapa de hierro pintado plegada en V, separada de la fachada, como estructura pura y nueva en contraposición con las irregularidades de la obra, que además servirá de soporte para las banderolas anunciantes de próximas exposiciones. Ese marco sólo alcanza la altura del borde inferior de la placa conmemorativa de bronce del pintor Vilapuig, la parte inferior de la recogida hasta llegar al suelo es un provocado mimetismo de los tubos que las distintas compañías sitúan en fachada, integrándolos ahora como un todo racionalizado.

La posición de la puerta de madera relegada a un segundo plano, protegida de la intemperie por una puerta de cristal, transmitirá esa imagen de que la edificación se ha convertido en un contenedor, donde se muestran entre otras cosas, formas de vida pasada, porque hasta la chimenea no es más que un elemento de exposición.

Obras mencionadas