Pabellón de Mies. 20.12.1998
ARQUITECTURA Pabellón de Mies. Una constante en Barcelona. 20.12.98
Cuando una persona viaja a un lugar desconocido, distinto del entorno habitual, no próximo, busca elementos que le indiquen que se encuentra en tal sitio, bien por su música, por su comida, por sus olores, e incluso por la postal que se enviará a cualquier amigo, etc,,,; busca aquello diferente a lo habitual para él.
Si ya ha estado anteriormente en el sitio, intenta reencontrar aquello que conoció en otra ocasión, que le quedó como un descubrimiento anterior, como un recuerdo de aquella aventura. Si por el contrario, las visitas a ese sitio han sido frecuentes en el tiempo, probablemente busque lo propio de ese momento, su actualidad, sea teatro, música, o simplemente la contemplación del andar de sus gentes por las calles, vistas desde un café, una terraza o cualquier otro sitio.
En el caso que ese viajero, tenga una relación próxima con la arquitectura, probablemente busque inicialmente y analice después, constantes tipológicas en las construcciones populares que ve, mediante los materiales que emplean, o el tipo de cubiertas, o la composición de sus huecos y sus proporciones, etc... Incluso, en edificios de una cierta antigüedad, probablemente de carácter administrativo, pueda encontrar algo similar.
Pero si se empeña en mirar edificios actuales, sobre todo con tipologías nuevas como hoteles, bloques de viviendas en altura, etc..., sus constantes (vitales) pueden ser tan diversas como arquitectos hayan intervenido en ellos. Resultando, que mientras en las primeras construcciones por ser de arquitectura popular, con lo que significa de modelo experimentado en el tiempo, está integrada en el paisaje, en las actuales, la bondad de las soluciones arquitectónicas dependerá de la mejor o peor manera de hacer de esos arquitectos que han intervenido.
Mies, en su pabellón de Barcelona, introduce una constante de la zona (mediterránea) como es el patio. Patio abierto exterior, de confluencias de actividades generales; patio interior como telón de fondo de actividades privadas. El espacio cubierto fluye entre ambos, no se comprime. El edificio tiene vida propia por sí mismo.
Junto al pabellón, vecino a él, un edificio inmenso el Palau Nacional, barroco en su concepción por la necesidad de la calle para ser, decimonónico por sus esgrafiados, representa una imagen del pasado, del 1929. El de Mies, de la misma fecha, es utilizado en anuncios de TV, como representación del futuro.